lunes, 23 de septiembre de 2013

Los ovillos no son juguetes para gatos


Eso lo descubrí a mi pesar el segundo día que llegó Regina a casa. Yo que he tenido gatos desde los 7 años, cometí un error de principiante, dejar un ovillo de lana en lo que antes era una de las dos habitaciones que tenía mi apartamento.
Ella llegó a mis manos (mías y de mi pareja) tras muchas indirectas. Decía algo así: "uy que bonito el regalo...sabes lo que me dejaría boquiabierta? Un gatito..." Tras muuuuchas indirectas, al final llegó ese día. Una gata llamada Princesa, 5 meses y de adopción urgente. Creo que fue amor a la primera foto que vi. La habían encontrado en una guardería junto a otra gatita. ¿Qué queréis que os diga? Esa gata no era una princesa. Tenía unos grandes ojos azules de siamés, cuerpo de gato romano con manchas claras. Según mi pareja...warm grey, según yo marrón grisáceo. Es lo mismo, pero no lo es.


Esta era ella con 5 mesecitos, recién encontrada. Y esta es ella ahora...


Como podéis ver, no tenía mucho de princesa y si mucho de Reina!
Nos hemos propuesto, una el poder tejer tranquila y la otra el dejar tejer sin tener que estar preocupada por si se ha comido de nuevo una hebra de lana. Y si alguien lo ha sufrido, no es plato de buen gusto el vigilar el arenero...ahí lo dejo.
Ronroneos de parte de Regina y besos de la mía!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Añade tu comentario, o tu maullido, o tu ronroneo,...